55 años aportando granitos de arena al mundo

Rubén Hernández Pejó es un hombre robusto, de pelo corto negro canoso y barba larga más canosa que negra. Ha ido criando una prominente barriga los últimos años que no refleja el trabajo diario al que se somete. Padre de familia numerosa y dueño de una empresa de agricultura, ha viajado mucho dentro de España por cuestiones laborales. Pero más que a nivel espacial, lo que nos interesa es el temporal, ahora nos cuenta su vida.

Rubén se encuentra en la cocina, tomándose el café de sobremesa, como todos los días.
Es un hombre que ha vivido una época de muchos cambios, sin ir más lejos la fecha de su nacimiento coincide con el Concilio Vaticano II. Orgulloso de ser un agricultor valenciano me empieza a contar su historia desde el principio hasta llegar a su algo más de medio siglo de edad.

Nació en una casa pequeña de un pueblo pequeño, cerca de Valencia en los años sesenta. Su entorno familiar era muy estable, vivía con sus padres, su hermana mayor y su abuela, con la que se llevaba bien, pero los últimos años de su vida sufrió alzheimer y era difícil la comunicación con ella, hasta que murió con 71 años, cuando él era un niño.

Haberse criado en un entorno tranquilo ha influído en su forma de ser “soy gente de pueblo, no de ciudad, siempre me ha gustado conocer a los vecinos y aunque no participe en muchos actos sociales sí que me gusta el ambiente de pueblo.” Cuando tenía unos veintitrés o veinticuatro años es cierto que le hizo ilusión vivir en una ciudad ya que quiso presentarse a unas oposiciones para trabajar en el ayuntamiento de Valencia, pero no salió bien y siguió siendo un hombre de pueblo. Al nacer en una dictadura la mentalidad a desarrollar es distinta que la que se puede tener ahora. Actualmente, afirma que tiene un espíritu crítico y es consciente de cómo podía haber sido su vida de no estar Franco, pero en aquella época un niño en un entorno familiar equilibrado no notaba nada anormal. La única pega para él era que en la escuela sus padres tenían que firmar un papel para estar exento de dar religión porque eran evangélicos bautistas. De hecho en el pueblo se les conocía como “els protestants”, solo habían tres o cuatro familias más de esta religión. No sabe si las familias ateas tenían este derecho a no dar las clases de religión católica.

En cuanto a la educación comenzó estando en la escuela nacional, donde en la misma clase los alumnos eran de diferentes niveles, por ejemplo de cuarto, quinto y sexto y por supuesto chicos y chicas separados. Cuando él llegó a sexto las clases ya eran mixtas. El primer año de escuela conoció a un profesor que hoy en día asegura que lo encarcelarían. En invierno pegaba a los niños con una regla con los dedos juntos boca-arriba, tiraba de las orejas a los alumnos, los empujaba… En cuanto a la comparación de su educación con la actual, asegura que la de ahora es mucho mejor, no hay color, sin embargo eso no quiere decir que sea lo mejor que hay: existe demasiada masificación de alumnos, un entorno con mucha gente emigrante y no se acaba de resolver la integración, también hay que trabajar mucho en cuanto a la igualdad de género y a la valoración de las personas como personas y no como números.

Franco murió en el año 1975, cuando él tenía 13 años.Pero esto no fue lo que más le marcó. El acontecimiento importante para él fue cuando mataron a Carrero Blanco. Se enteró escuchándolo por la radio, cuando iba camino a casa, pasando por una panadería escuchó a dos mujeres hablando muy bajito de cómo se habían quedado sin presidente, no querían que las escucharan, tenían miedo. Eso lo dejó en stand by, pero al poco tiempo en una charla con su madre sobre la ayuda que estaban pidiendo los portugueses a Franco porque habían secuestrado uno de sus barcos. su madre dijo que Franco era un buen líder, primero disparaba y luego preguntaba. Su hijo le espetó: “¿y si hubiera estado yo en ese barco?” Desde entonces la mentalidad de su madre cambió siempre en cuanto al tema del franquismo.

Durante la transición, en los años de BUP (equivalente a tercero y cuarto de la ESO) era un ambiente de mucha renovación en los institutos a nivel nacional. Tenía una relación especial con Manuel Tamborero, un profesor que educaba en el pensamiento crítico. Con el profesor de filosofía incluso se podían imaginar a Sócrates en la escuela de Atenas. Bien es cierto que era un ambiente muy distinto al de hoy en día en las aulas, el que no fumaba en clase o por los pasillos era muy raro. Había mucha igualdad de género que le entristece pensar que hoy en día no se da de la misma forma. Hubo una gran ebullición en la participación en agrupaciones políticas, deportivas, vecinales… En Alcàsser renació el espíritu deportivo, no había delincuencia, todos los niños y jóvenes se implicaban en algo.

Por falta de recursos en la familia, él empezó a trabajar por el día y estudiar por la noche. Trabajaba en el campo, claro, sin contrato, mal pagados, no tenían derechos, los trabajadores del campo era la casta más baja. Salvo algunas excepciones por motivos de traslados, siempre he trabajado en el campo. “Mis compañeros y yo hemos luchado siempre por la profesionalización de este trabajo.” Es entonces cuando empezó a relacionarse con gente de Comisiones Obreras. “Lo que me hizo sindicalista fue un diputado del PSOE, Carlos Solchaga, diciendo que los trabajadores tenemos que apretarnos el cinturón, eso era intolerable” Además de empezar a leer a Nicolás Sartorius, “el Duque Rojo”, al que admira mucho.

Echando la vista al pasado nuestro trabajador afirma que lo más importante es tener nivel cultural y es difícil asumir eso en nuestra sociedad de consumo, de dinero fácil. En los medios ves como gente sin cultura triunfa, el famoseo ciega a los jóvenes en sus estudios.

Los primeros trabajos como sindicalista empezaron con normalizar los contratos de trabajo gracias a una huelga de nueve días. Se encerraron en el ayuntamiento, solo les pidieron que no pusieran una pancarta en el balcón del ayuntamiento porque ya estaban los medios y todo el revuelo montado. Recibieron apoyo de todo el pueblo excepto del PSOE, afirma. Ganaron. En El PCPE fue el periodo transitorio en el que aprendió los tipos de organización política, continuó bajo las siglas IU.

Cuando empezó una familia no cambió mucho su tipo de vida. La casa familiar era la oficina clandestina del sindicato y de Izquierda Unida. “Siempre hemos sido coherentes con nuestra forma de ser”.

Empezamos a llegar al presente y a la comparación con el pasado cuando reflexiona que es normal que los jóvenes -de todas las generaciones- pidan siempre más. Los jóvenes de ahora son los menos culpables de esta situación de inconformismo porque no han vivido otra cosa. Pero esto se puede salvar con educación, oportunidades y libertad. Reconoce que hay un conflicto generacional muy grande. Piensa que el mayor problema de nuestro país es la ignorancia, las personas no quieren implicarse en nada y nos bombardean con pan y circo, ocultandonos lo que les pasa a los que tenemos al lado. Aún con esta situación dice que no le da mucho miedo el tema de las pensiones. Lo que le da más miedo es la manipulación para que los ciudadanos confíen antes en manos privadas que en su propio Estado. Cree que este tema será peor para la generación de los noventa que para la suya, pero que “cada uno vive su época, yo no estoy dejando a mis hijas una época peor en la que vivir”.

Los temas más importantes para él son: la estabilidad económica, ya que “cuando llegas a cierta edad no tienes las mismas fuerzas que cuando eres jóven”; poder positivizar las cosas buenas que hay hoy en día, porque según cuentan en las noticias todo está podrido y no es verdad, “hay gente muy buena en el mundo” (gent molt rebona en este mon) -exclama riéndose; y por último que esto fuera a nivel global: estabilidad, positividad y esperanza.

Para finalizar la entrevista le pregunto cuál cree que es su mayor aportación en la vida tras 55 años acumulando granitos de arena al mundo, él mira a Rosario, mi madre, que está detrás de la cámara y tras una larga reflexión reconoce que es haber puesto en el “disco duro” de sus hijas un comportamiento racional, bueno, y que está relacionado con que cada uno vive su época, y debe solucionar los problemas de ella.

“¿Qué mensaje te gustaría proclamar? -le pregunto- No dejar de tener granitos de arena que aportar al mundo, siempre.”

Me deja con una sonrisa en la cara y sigue tomándose su café. Orgullosa de haber hecho esta entrevista, me despido con un beso y me retiro para reflexionar sobre todo lo contado por un hombre que inspira tanto como esperanza al mundo da.

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