Por qué la sororidad es tan difícil? Porque no solo estamos luchando contra el patriarcado y obviamente nos indigna el hecho de que otras mujeres que son igual de víctimas que tú y que yo, no sólo no sea parte activa en la lucha sino que sea cómplice del enemigo -dicho sea, que el título de cómplice no neutraliza el de víctima, se reconozca o no-. Pero no se trata de esta indignación solamente, como ya sabemos el machismo se asienta, no solo en la historia de opresión de la mujer, sino de la opresión de aquel al que consideran débil y consiguen clasificarlo como tal, hasta el punto en que la víctima así lo consiente en masa, o por lo menos se resigna a ello. En esta opresión debemos pronunciarnos sobre las diferencias sociales, y sobre nuestra estructura social y comercial. Desde varias décadas atrás nos han educado en la competitividad, además en la competitividad mala, es decir, no se trata de superarse a uno mismo y de promover el máximo esfuerzo individual y colectivo para un mundo mejor. No. La competitividad en la que solamente tienes que ser mejor que los demás, no importa cómo. Así pues el resultado no es la evolución común sino un resultado de guerra: un perdedor y un ganador. Además es un ciclo continuo, para qué vas a decir que algo es bueno si no es tuyo? Los demás creerán que tú no lo puedes hacer mejor; por qué le ibas a dar publicidad a un trabajo publicado por otro, cuando encima está en tu campo de investigación? Eso haría que lo que publicaras tú pudiera no ser tan bueno, o no tan promocionado; por qué le ibas a decir a una chica que va guapa? A lo mejor así los demás piensan que es más guapa que tú. Este es el tipo de mentalidad que nos han inculcado. Con esta mentalidad porqué íbamos a empatizar y apoyar a una mujer que no conoces de nada si es una potencial competidora? Lo malo de la competitividad es que lo abarca todo. Se puede dar el caso de que una mujer se crea más fuerte y mejor que otra por no haber sido maltratada, es decir, en lugar de estar junto a ella, se aleja y crea una escala en la que la mujer no maltratada ha superado situaciones que se dan en la sociedad patriarcal que la otra mujer no. Eso es lo que entendemos por “la triste realidad”.
Pero la realidad/verdad es que decirle cosas buenas a una persona, compartir publicaciones de otros -aunque sean sobre los mismos temas que tú trabajas- o enseñarle a otro lo que sabes, lo único que puede hacer es subir tus niveles de amabilidad, conectarnos como personas, hacer sentir bien al otro, colaborar en un proyecto en el que crees, incrementar el número de personas que estén a favor de tu causa...
Debemos alejarnos de la palabra “competitividad” para acercarnos a “compartir” a “colectividad”, una vez entendamos que vivimos en sociedad, debemos integrarnos todos en ella con la verdad y la comprensión por delante en lugar de vivir egoístamente rodeados de presuntos enemigos.
Cuando entendamos esto será más fácil que exista una sororidad plena, que nos ayudemos sin atacarnos, que enseñemos en lugar de criticar. Bien es cierto que se empatiza antes con alguien que está en tus mismas condiciones -este es el caso de mujer a mujer en una sociedad patriarcal- que cuando no se está en las mismas condiciones -caso de hombre a mujer en una sociedad patriarcal, o de un multimillonario a un trabajador obrero- pero aún así hay que empatizar con todo el mundo, sino, no podríamos exigirle a los hombres que empatizaran con nosotras puesto que ellos no están en las mismas condiciones. Predicando con el ejemplo, cuando nos encontremos en una situación en la que apoyaríais a una mujer que necesita del feminismo siendo parecida a vosotras, hacedlo también cuando la mujer no tenga nada que ver, cuando tengáis un abismo entre vuestras edades, aunque no seáis de la misma clase social, incluso aunque no tengáis la misma cultura, siempre habrá algo que os una, y es haber nacido mujer. Juntas, somos la mitad del mundo.

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