Moana y el cambio climático


La nueva película de disney, Moana destaca por su contenido feminista, por la triste razón de que la “princesa” de la película no cuenta con ninguna historia de amor romántico, lo que es maravilloso y aunque no debería ser una excepción, al serla, hay que aplaudirle. Pero vamos a centrarnos en las circunstancias de la historia en sí y no en las anécdotas de los protagonistas. El semi-dios Maui robó el corazón de Te Fiti, que entendemos que representa el papel de la madre tierra, la naturaleza y todo lo bonito de este mundo que nos permite vivir en él, pensando que dándole este corazón a los humanos estos tendrían el poder de crear vida. No sé si os suena de algo. Debería. Nosotros, mucho tiempo atrás, vivíamos acorde con la naturaleza, de hecho hay sociedades que siguen viviendo así, como tribus en África, las islas de la polinesia (irónico hablando de Moana) o los indígenas americanos cada vez más amenazados por el poder estadounidense. 

Nos contaba Simone de Beauvoir en el Segundo sexo que los hombres, en posiciones de poder mucho más altas y en aplastante mayoría respecto a las mujeres siempre han sentido temor hacia el poder de la madre naturaleza, la tierra era el símbolo de la mujer, creadora de vida. Llegó el momento en que quisieron conquistar hasta eso, y desde entonces se han empeñado en seguir así, sin fin. La conquista de la tierra, con pretensión de traspasar el poder de la naturaleza al ser humano ha ido creciendo de forma exponencial, dejando así millones de recursos agotados, animales extinguidos, y un rastro de contaminación y muerte allá por donde pasan


En Moana hay islas que ya han desaparecido a causa de la “maldición”, pero, a excepción de la abuela -en representación de activistas en el mundo real- solo reaccionan cuando se dan cuenta de que les ha llegado la hora y su isla está empezando a dar los malos frutos, como cocos quemados, total escasez de peces en el arrecife etc. Los habitantes de la isla no saben dónde está Maui, el causante de este mal que les acecha- que al ser una película de dibujos lo representan como alguien bueno que se ha equivocado, pero la realidad es más triste y los causantes del “mal” hacen lo que hacen totalmente a conciencia- y mucho menos qué ha pasado con Te Fiti, muchos ni siquiera saben por qué ocurre esto. 

Tal y como nos pasa a nosotros: los océanos llenos de plásticos, ciudades con unos niveles de contaminación del aire excesivamente dañinos para la salud, en China por ejemplo sobrepasan esos límites muy por encima de lo que la Unión Europea consiente. Ahí también reside el problema, la lejanía, mientras en Galicia tengamos una playa mínimamente decente qué nos importa que en China no puedan respirar? qué nos importa que en el Congo haya todo tipo de trabajadores esclavizados o que se estén agotando los recursos de ese país casi gratuítamente? Y pensaremos, allí también hay gente que debe luchar, y es cierto, pero la polarización de la sociedad en esos países es brutal. No podemos hacer oídos sordos a lo que pasa en las otras “islas” como en la película. 

La solución es mandar a una heroína a buscar al causante del mal, llegar al núcleo del problema y resolverlo todo tras una épica lucha. Pero la realidad es más triste y complicada que la animación de disney. Con el cambio climático no se puede hacer borrón y cuenta nueva, no se puede revivir a las especies que han sido extinguidas por el hombre, no se puede limpiar las aguas con una red gigante ni se puede purificar el aire con un súper ventilador y que todo vuelva a ser verde y azul, y mucho menos si nuestra intención es seguir quedándonos con el corazón de Te Fiti creyéndonos poseedores de la vida en el planeta. No podemos volver al momento anterior al “mal” pero si frenarlo. Podemos parar en seco nuestras actividades que claramente afectan muy negativamente a la tierra y todo lo que conlleva. 

Tenemos que asumir que el poder de la vida solo lo tiene la naturaleza y a ella le corresponde ese corazón. Nosotros solo podemos vivir acorde con esa ley. No solo tenemos que dejar de reprimir a las tribus indígenas y aborígenes tenemos que aprender de ellos. En la película Planeta libre, se ve muy gráficamente cómo en la Tierra no hemos avanzado nada en las grandes ciudades, pero dos personajes en lugar de aparecer en París aparecen en una tribu africana y les queda un poco de esperanza para este planeta. Hagamos de nuestra economía una economía circular como podéis entender en este vídeo, porque la vida es un círculo, así pues no podemos tener un modo de vida ni una economía, lineal. Porque las líneas tienen un fin, y el fin de algo suele ser la muerte. 




La vida no es una película, es mucho más que eso, más complicada y más bonita, pero requiere un gran esfuerzo por parte de todos. Unámonos, aprendamos, luchemos y espero con toda mi alma, que en un futuro no muy lejano devolvamos conscientemente el corazón a Te Fiti. 


Alba H. Santana

Bibliografía:
Películas:
- Musker, J. y Clements, R.: Moana
- Serreau, C.: La velle berte

Libros:
- Beauvoir, S.: El segundo sexo, tomo I

Recursos electrónicos:
- Steve Cutts: www.stevecutts.com
- COTEC + #Whymaps
- Worldwire air quality: http://aqicn.org/map/china/

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