Ni mucho menos diez

¿Qué es la economía? Si tienes cinco, puedes gastar uno y sigues teniendo cuatro, que puedes gastar o puedes ahorrar. Analicemos esta frase. Tener: poseer una cosa y disfrutar de ella. Cinco: cinco no son ni cuatro, ni seis, ni mucho menos diez. Gastar: emplear el dinero para consumir bienes o servicios. Y, por último, ahorrar: reservar parte de tu dinero o simplemente no malgastar. Tanto "gastar" como "ahorrar" requieren de un "tener" previo, y debes tener además un número mayor al que quieres gastar y/o ahorrar. Todo parece bastante lógico, ¿no? 

¿Por qué la economía es, pues, tan complicada? Porque no tiene lógica, no es real. No existe el presupuesto sine qua non del "tener". La economía actualmente es como la teología antiguamente. Ambas tratan sobre cosas que no existen, evolucionando solamente para favorecer a sus estudiosos y a quienes defienden estas teorías, ya que cualquier detractor encuentra lagunas cuando estudia estas ramas y luego mira la realidad mundial. El dinero es el nuevo Dios. Si solo fuera una herramienta tangible (y esto es importante, tangible) podría ser algo muy positivo para facilitar la unidad y la liquidez y como medio de cambio más adecuado para una sociedad avanzada. Pero, tal y como está planteado, no es una herramienta sino un Dios intangible al que alabar con una jerarquización fácilmente reconocible. ¿Quién puede manejar a ese dios inexistente que todo lo mueve? La élite especializada en leer datos sobre flujos de poder. Esa élite es la que decide en términos económicos si un país es rico, pobre, o si sus empresas y trabajadores tienen más o menos valor. 

Debemos comprender también que antes de pensar en términos generales debemos pensar en términos concretos. Las cosas grandes se componen de cosas pequeñas. ¿Qué podemos hacer nosotros ante tal desmoralizante situación? Comprender que cuanto más pequeña y cercana es una realidad, más fácilmente la podremos controlar. No podremos controlar el dinero ni las acciones de Coca-cola, pero si el nuestro. Sí podemos saber a qué lo destinamos. Vivimos en una sociedad de consumo. Como tal entendemos una sociedad en la que se estimula a las personas a que compren y consuman bienes, aunque no sean necesarios. La globalización en su vertiente negativa sumada al capitalismo occidentalizado imperante en el mundo entero imponen la premisa "comprar, tirar, comprar". Esto conlleva una mentalidad de recursos infinitos que no concuerda con la realidad, de recursos finitos y cada vez más escasos. Debemos empezar a pensar en una economía circular, en lugar de una lineal que desembocaría en el inminente fin de los recursos, la economía y la humanidad. Para evitarlo, lo primero que hay que tener en cuenta es que debe existir un tener antes de un gastar y que cinco no son ni cuatro, ni seis, ni mucho menos diez.

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