Vida desde otra visión


Vida, bonita palabra. Pero lo que van a escuchar ahora no es algo bonito. Les voy a contar la historia de cómo fue mi vida hasta que entré a prisión.

Nací en un barrio pobre, en malas condiciones. Mi madre lo pasó mal durante el embarazo, no tenía recursos y de mi padre nunca he sabido nada. Se alimentaba de sobras y de la caridad de las personas. El momento del parto fue duro, pero sobrevivimos las dos. Tuve suerte de nacer en primavera, de lo contrario no sé qué hubiera sido de mi, tan pequeña con tanto frío. He visto a muchos de los míos morir por haber nacido en invierno, en ese barrio las casas no son muy buenas. La mayor parte de mi infancia la pasé en la calle, no tenía mucho pero era feliz porque estaba con mi madre. Más tarde, en mi adolescencia mi madre y yo decidimos mudarnos. No quedaba nada para nosotros allí. Durante el viaje… tuvimos un accidente. Un borracho conduciendo un coche nos atropelló. Desde entonces cojeo. Mi madre no, porque se quedó allí. Se puso delante mio para protegerme y se llevó todo el impacto. A nadie le importó su perdida. Para el mundo es como si no hubiese existido. Durante mucho tiempo me costó vivir con esa impotencia, al final lo tuve que aceptar con resignación ya que vi que a nadie le importaba tampoco yo. No tenía ningún recurso al que agarrarme.
Ya en edad adulta, sin ganas de vivir, me encontré a un grupo de gente que me cambió la vida. Me acogieron como a una más, me enseñaron a buscarme la vida, no era una vida de ricos, pero era una vida. Todos tenían historias parecidas a la miá, me sentía comprendida. Y entonces la vida volvió a darme una dosis más de realidad. Llegaron las autoridades, por lo visto molestabamos en ese barrio y querían echarnos. Una tarde fría de invierno empezó la persecución, todos corrimos lo que pudimos, pero por mi cojera quedé atrás y me atraparon. Por causas que yo creo injustas me metieron a prisión. Mi vida se reducía a cuatro paredes, todo era muy sucio, olía mal, hacía mucho frío, y todo el mundo estába muy triste. No había luces porque era de noche. Tenía miedo. Estaba sola, y esta vez ni si quiera podía escapar. No lo entendía, yo no había hecho nada a nadie. Si alguien debería estar allí son las personas que permitieron que viviera siempre como lo he hecho, si alguien debiera estar aquí, es el borracho que mató a mi madre. O los asesinos que mataron a los padres de mi amigos. Casi todos los días los trabajadores nos dejaban salir uno a uno o por parejas al patio para que nos diera el aire, yo al principio ni si quiera quería salir. Para qué? Poco a poco cogí confianza, aunque con mucho miedo, pero veía que los trabajadores eran buenos, no todos. Había que conocerlos. Pero el tiempo pasaba y yo seguía ahí. ¿No iba a salir nunca? Veía a compañeros salir. Me llegué a dar cuenta de que dependía mucho de qué raza fueras. Los días de lluvia y viento eran los peores, el lugar estaba muy mal, había mucho ruido, se colaba el agua, hacía mucho frío. Aunque me daban de comer estaba muy delgada, y se me caía el pelo. Parecía más mayor de lo que era. Al año hubo un virus que nos afectó a todos, yo estaba débil, cada vez más. Varios compañeros murieron, otros tuvieron la suerte de que les financiaran una visita al hospital. NO podía más, me pregunté si mi historia acabaría ahí.

Esta no es realmente mi historia, es la de mi perra.

En España hasta 150.000 mascotas terminan cada año abandonadas. Son 400 abandonos al día, una cifra que sitúa el país como número uno en abandono de mascotas en Europa. Lo que haría una media de 16 perros y gatos abandonados cada hora.

En España hay alrededor de 400 protectoras y asociaciones de animales llevadas por voluntarios. Me avergüenzo de vivir en un país en que teniendo las tasas más altas de abandono animal de Europa deje en manos del altruismo de las personas la vida y seguridad de estas vidas. Estas protectoras se financian por las cuotas de sus socios y todas las actividades que pueden inventar para sacar algo de dinero para comida, materiales y veterinarios. Los ayuntamientos se desentienden, las personas se desentienden y las empresas se lucran. Cómo puede ser que en un mismo país siempre hayan perreras, refugios y casas de acogida sobreexplotadas y que existan tiendas, comercios donde siempre hay perros y gatos para vender?


Lo primero es que son vidas, estamos traficando con vidas, el consumidor PAGA por esa vida, se acaba de apropiar de ella, y el vendedor… Los criaderos no tienen nada d
e bonito, tienen a perras atadas a postes que son violadas constantemente, encerradas en jaulas donde lo único que hacen durante su vida es parir cachorros para destetarlos antes de tiempo, ser arrancados de sus madres y puestos delante de una vitrina para ser vendidos, mientras al mismo tiempo otros cachorros mueren de frio junto con sus madres abandonadas por un antiguo dueño…

La primera historia que les conté es lo que podrían contar cualquiera de esos 150.000 perros abandonado al año. Y tiene dos finales, morir allí solo, o ser adoptados por alguien que haya tomado conciencia en el asunto.

Me llamo Alba H.Santana, y ahora y siempre lucharé por las vidas de los animales, únanse a mi causa!

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